Ya empiezan a salir los lobos a ver a su reina,
cálida como el centro de un volcán.
Escucho ruidos de pozos hondos
y huelen a soledad sus manos repletas de vacío,
huelen a añoranza y pena.
Se van con ella sueños vespertinos robados,
mientras la oscuridad acecha,
cálida y fría,
patrona de corazones rotos,
tan suave, si subes a su cima, que te acaricia.
Sigo caminando, escuchando, sintiendo, oliendo, viendo,
saboreando las tinieblas.
Todo se tiñe de un manto fúnebre
y despiertan los negros cuervos.
Ya salen los tristes a tocar su áspera figura,
la admiramos sin saber
que es astuta como los pájaros.
Seis veces la han llorado junto a los lobos,
que le aúllan a la luna
por no haber encontrado su amor.

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