Relato de Saray Peñarrubia 1º F
Un gruñido que afloraba de su intrínseco torso le invocaba que debía irse, extraviar su espera y rebrotar nuevas esperanzas ya perdidas. El ruido le atacaba fuertemente en su delicada sesera, que estaba muy debilitada por la presión constante. La llamada de Iñaki retumbaba aplastando cada recuerdo pasado. Todo había transcurrido muy rápido, sin tiempo para cavilar lo necesario. Pequeñas y cristalinas lágrimas asomaban después de una tormenta demoladora. Emilia había recibido la noticia abrumadora que cicatrizó su porvenir. Su padre acababa de sufrir un fatídico infarto. La lluvia atrapaba toda su esencia enredándola con la humedad propia del ambiente cántabro. Sabía que ya nunca más iba a ser ella.
Relato de Selena Ruescas 1º F
Hace un mes que se fue y yo sigo aquí sentada esperando un mensaje, una llamada, pero en el fondo sé que eso no va a ocurrir.
El primer día de verano me lo dijo: “Esto no durará para siempre” y yo lo sabía, por eso no quería que el verano llegara a su fin. Echo de menos sus besos, sus caricias, su forma de sonreír, echo de menos hasta esa fea arruga que se le formaba en la frente cuando se reía.
Nunca pensé que la pérdida de una persona me pudiera llegar a afectar tanto. Todo empezó como una simple tontería, ninguno de los dos llegó a pensar que esto acabaría pasando. Empecé a quererle en el mismo momento en el que sus fríos labios rozaron los míos aquella cálida noche de verano. Ninguno de los dos quería que eso llegara a más porque sabíamos cuales serían las consecuencias, pero no lo podíamos evitar, nos habíamos enamorado. Los encuentros nocturnos a escondidas de todo el mundo pasaron a ser paseos por la plaza del pueblo. Pero poco a poco todo fue llegando a su fin y septiembre llegó junto con su amarga despedida. Antes de irse me dijo que no me quería, que ya no sentía nada por mí, pero sabía que mentía.
Juré no volver a recordar ese momento, pero aquí estoy, derramando todas estas lágrimas mientras le escribo al hombre de mi vida.
Relato de Sara Velasco 1º F
Aquella era yo, volviendo de aquella fiesta, mirando al cielo sin poder apartar la mirada, sin poder hacer nada.
Ya no sentía el frío del pleno febrero, ya no sentía ni las lágrimas rodando por mis mejillas, sinceramente ya no sentía nada.
Miles de preguntas se me pasaron esa madrugada en el viaje de vuelta a casa de apenas 10 minutos, tanta puede ser la atracción por alguien que te haga olvidar el ruido a tu alrededor, y ¿por qué su timbre de voz es perfecto para tus oídos? Entre tantas palabras que me ha dicho borracho esta noche, ¿alguna era verdad? Es toda una putada el magnetismo que produce en mi.
Da miedo que todo haya acabado así, que ya no vamos a sonar nunca más, que no vamos a crear la mejor música con nuestras risas, que la confianza se va con tan solo un gesto y se gana con tantos...
Que es triste que tanto hemos sentido, y que ni siquiera pueda mirarte a la cara porque a día de hoy ya no eres aquel chico caótico pero tan dulce del que me enamoré, que has pasado de ser arrogante a ser un idiota.
Pensando bien, mirando este cielo parece que las estrellas me dicen que merezco algo mejor, supongo.
Relato de Arantxa Lorente 1º F
Ahí estaba ella, sentada en ese coche acompañada de un mismísimo desconocido que acababa de conocer. Ella, con su preciosa nariz respingona, admirando la maravillosa sensación de las delicadas gotas de lluvia desvaneciéndose en su precioso rostro. Con una mirada perdida, con cara de que no le importara nada, triste y desolada.
Las finas gotas de lluvia camuflaban sus lágrimas. Estaba perdida, perdida en la nada sin saber a dónde ir. Ya nada le hacia sentirse bien. Aquella chica que se entusiasmaba por todo esta atrapada, encerrada en una coraza llena de inseguridades, miedos y oscuridad.
Ella era la chica sin normas, la chica del indie, la alocada, la mas graciosa, la "rarita", ella era preciosa, joder que si lo era. Pero todo cambió, algo la hizo cambiar y aquella chica que tanto me apasionaba mirar cómo dormía, cambió.
Relato de David Fajardo 1º F
Aquella vez, era la última que la veía. Fueron los días más tristes de mi vida, contando los momentos tan bonitos junto a ella. Éramos el uno para el otro, tal cual, una pareja inigualable, única, que por lo tanto no se contemplaba nunca, solo una vez en la vida. Cuando quise despedirme ya no pude, estábamos demasiado lejos, la chica me miraba a mí y yo a ella, era tan excitante...
Pero así son las despedidas, despedidas que saben a mal, despedidas que te contagian y que te imaginan a pensar en todo lo negativo, en no volverla a ver. Sensación triste, llena de sentimientos e ilusión hacia ella.
Cuando nos miramos hacia lo lejos observé que me decía algo, no logré escucharla por desgracia. Crucé el paso de peatones con los ojos vidriosos, con rabia de perder a la chica de mis sueños.
En aquel emocionante momento recordé su útil paraguas que me dejó con tanto cariño, yo solo sé que en aquel momento estaba preciosa. Su pelo mojado de la lluvia, sus ojos que parecían perlas, sus labios canosos, su mirada de amor hacia mí y sus hermosas palabras que me dijo a lo lejos cuando me alejaba de ella, que como he mencionado antes no logré escuchar.
Solo le pido a Dios volverla a ver, aunque sea una vez en toda mi vida, que nuestros caminos se crucen, que nuestras miradas se exciten y sentir un amor bonito, el que siento por ella y espero que ella por mí...
Isabel Rabadán 1º F
Y llegó otro 24 de septiembre, después de tanto tiempo la herida sigue abierta. No puedo dejar de pensar en ti. Te fuiste con la llegada del otoño. Ese año se mezcló la amarga despedida del verano junto a tu trágica ausencia. Aún recuerdo cuando me cantabas esa canción, siempre será mi favorita o cuando me subía encima de tus pies para bailar. Ojalá despertarme y que todo hubiese sido una horrible pesadilla, ojalá mirar al cielo y no buscarte.
Relato de Alicia Moreno 1º F
Observaba con melancolía las nubes grises que se acumulaban en gran parte del cielo. Me asomé a la ventana, necesitaba respirar, necesitaba sentir que todo iba a ir bien. Noté cómo comenzaron a caer gotas de agua sobre mi piel y aún así, no escondí la cabeza. Me tranquilizaba sentir la lluvia sobre mi pelo, sentir cómo se humedecía mi rostro.
Sin duda, este era uno de los peores días de mi vida, fingir a todo el mundo una sonrisa, fingir que no la conocía realmente, cuando en realidad era mucho más que eso.
Sydney era la luz de mi vida y ahora esa luz se había apagado con su marcha, se había ido y no iba a regresar, esperarla era inútil.
Las lágrimas comenzaron a descender bajo mis ojos. Recordarla dolía como si miles de cuchillos se clavaran en mi espalda, pero ese dolor iba a desaparecer y por fin podría decir que iba a estar junto a ella.
Dejé que el coche siguiera su camino hasta escuchar el impacto del mismo. Y así, de un momento a otro había dejado de sentir, mi corazón ya no latía y la sangre estaba cansada de circular por todo mi cuerpo sin rumbo alguno. Sydney había fallecido y ella era lo único que me anclaba a esta desdichada vida. Lo último que recuerdo haber visto fue su hermosa sonrisa.
Relato de Elena Bermúdez 1º F
Cuando estoy pensando en ti se despide la alegría, se aproxima la tristeza, mi corazón se dilata, me dice que es culpa mía, que todo lo que ha pasado fue una mala travesía. Vivo con la ilusión de que vuelvas, vida mía. Te quieren tanto mis ojos que hasta en las sombras de esta larga espera te miran. Es muy difícil quitarte del pensamiento. ¡Qué mala suerte la mía!
Poema de Irene Monsálvez 1º F
ESTACIONES
La libérrima sensación
del viento acariciándome.
La lluvia por mis mejillas
como la sangre brota del corazón
El hambre de amor
de los corazones vacíos
las almas enamoradas
en una lluvia estival.
La tirada del tres de espadas,
poetisa de amores rotos.
Las lluvias repentinas
de veranos olvidados
Heridas sanadas
por la rueda del tiempo,
giran las múltiples fortunas
de un navío naufragado
por las tormentas.

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